Infección y dehiscencia de la herida quirúrgica: Cuidando desde la sala de operaciones

Una de las principales preocupaciones que tenemos las enfermeras cuando cuidamos a una persona tras una operación quirúrgica, es que la herida se infecte y termine abriéndose, es decir, produciendo una dehiscencia. Se sabe que la infección del sitio quirúrgico (ISQ) es una de las causas más comunes de infección asociada a un procedimiento médico (en concreto la tercera más común) y que conlleva serios problemas de morbilidad y mortalidad (Greenblatt, 211; Ivanovic, 2014). La dehiscencia de la herida quirúrgica a su vez es una de las complicaciones de la ISQ y es definida como: “La separación de los márgenes de una incisión quirúrgica cerrada que se ha realizado en la piel, con o sin exposición o protrusión del tejido subyacente, órganos o implantes. La separación puede producirse en una o varias regiones, o afectar a toda la longitud de la incisión, y puede afectar a algunas o a todas las capas de tejido.” (Ousey, 2018)

Además, la ISQ puede afectar ni más ni menos que a un tercio de las personas que se han sometido a un procedimiento quirúrgicos (WHO, 2016). Esta alta prevalencia unida a las complicaciones que pueden aparecer como la dehiscencia, hace de la ISQ una complicación que debemos conocer y prevenir para ofrecer unos cuidados de calidad a los pacientes recién operados.

Pero veamos de qué factores depende que esa infección del sitio quirúrgico aparezca en la herida.

Factores asociados a la aparición de infecciones del sitio quirúrgico.

La incidencia de este tipo de infecciones depende de varios factores. Entre ellos los más importantes son:

El tipo de cirugía (limpia, limpia-contaminada, contaminada o sucia-infectada)
Este factor influye en la probabilidad de presentar una ISQ siendo las cirugías sucias las que tienen más probabilidades de terminar infectándose. Tal y como muestra la Figura 1, los tipos de procedimientos cuyas heridas se infectan con más frecuencia son por este orden: la cirugía de colon, la colecistectomía, el bypass de arteria coronaria con injerto, la cesárea, la prótesis de cadera, la laminectomía y la prótesis de rodilla (EWMA, 2022)

En cuanto a las comorbilidades y factores que pueden influir están los factores intrínsecos de la persona y también los extrínsecos (Tabla 1). En relación con los intrínsecos, las personas mayores, de género masculino, con una enfermedad grave de base, con obesidad, que han precisado la cirugía tras sufrir un traumatismo, tendrían mayores posibilidades de desarrollar una ISQ. En cuanto a los factores extrínsecos influye de manera negativa que la duración del procedimiento sea larga, la técnica invasiva, las habilidades del cirujano y su equipo, las operaciones de emergencia y los hospitales pequeños con poca incidencia de procedimientos quirúrgicos y equipos con poca experiencia (EWMA, 2022)

Además, en una reciente revisión sistemática se identificaron los factores que contribuían a un menor riesgo de ISQ y que resultaron de la revisión de sólo estudios aleatorizados, y estos factores fueron: evitar rasurar la piel con cuchillas para eliminar el vello, aplicación de agentes intranasales antiestafilocócicos y antisépticos cutáneos antiestafilocócicos para procedimientos de alto riesgo, uso de gluconato de clorhexidina y preparados cutáneos a base de alcohol, mantenimiento de la normotermia con medidas de calentamiento activo, como fluidos intravenosos calientes, calentamiento cutáneo y aire caliente forzado y el control glucémico perioperatorio (Seidelman, 2023)


Por último, la adecuación de los cuidados postoperatorios recibidos en hospitalización tras el procedimiento y posterior alta son factores que definitivamente influyen en la probabilidad de presentar una ISQ. Y en este último factor hay mucho en nuestra mano como profesionales que podemos hacer para prevenir la infección incluso desde el propio quirófano, ya que no es inusual que la herida quirúrgica se cubra en la propia sala de operaciones con un apósito de gasa seca y de esa manera pase a planta, o en el caso de una cirugía, menor el paciente se vaya así a casa.


Según la guía de la EWMA sobre ISQ, el objetivo principal del uso de un apósito de cura hñumeda sobre una herida quirúrgica que cicatriza por primera intención es controlar cualquier sangrado postoperatorio, absorber el exudado, aliviar el dolor y proteger el tejido recién formado (EWMA, 2020). La guía sobre ISQ del National Institute for Health and Care Excellence (NICE) recomienda la aplicación de apósitos de cura húmeda en la herida quirúrgica para prevenir la ISQ (NICE, 2008) En comparación con los apósitos de gasa, estos apósitos húmedos han mejorado en diversos grados las funciones antibacterianas, hemostáticas, de absorción de exudado y de cicatrización de heridas (Sun, 2022). Y el cambio de apósito (el primero a las 48h de la operación si no hay ninguna incidencia) sirve para valorar el estado de la herida, los puntos, la higiene del sitio, estado de los drenajes, etc. (EWMA, 2020). Los apósitos de cura seca no gestionan adecuadamente el exudado o las condiciones de humedad necesarias en la herida. No son impermeables con lo que no ofrecen una barrera segura contra la entrada de microorganismos (Field, 1994)
El esparadrapo de los apósitos de cura seca e incluso las gasas que llevan pueden adherirse a la herida y provocar un trauma mecánico al retirarlas. Esto no solo interrumpe el proceso de cicatrización, sino que también aumenta el dolor del paciente y el riesgo de sangrado y colonización bacteriana (Field, 1994)


Por ello las guías clínicas de las sociedades científicas de heridas recomiendan apósitos de cura húmeda como espumas con adhesivos respetuosos o incluso que cuidan la piel frágil como las espumas con silicona o apósitos de hidrocoloides. Y la cura húmeda debe mantenerse hasta la cicatrización de la herida, tanto si la cura se realiza por un enfermero o en casa por el paciente, con lo que deberemos educar y ayudar al paciente y/o cuidador principal para asegurar la continuidad de cuidados de calidad (Leaper et al., 2020)

Abordaje de heridas quirúrgicas infectadas con dehiscencia

En el caso de que no haya sido posible evitar la infección y además se haya producido una dehiscencia nuestros cuidados estarán encaminados a controlar la infección, evitar su diseminación y a conseguir la cicatrización de la herida, en este caso ya normalmente por segunda intención.

Las recomendaciones de manejo y tratamiento no quirúrgico de dehiscencias con infección se basan tanto en la realización de una valoración general del paciente como en la valoración de la incisión o herida, utilizando por ejemplo el Triángulo de Evaluación de Heridas.  Debemos hacer una valoración de las estructuras anatómicas y profundidad de la piel afectada por la dehiscencia que dependerá de la gravedad de la dehiscencia/infección y el tipo de cirugía realizada (Sandy-Hodgetts, 2018)

Si existe más de un área de la herida con dehiscencia cada herida debe ser valorada por separado.

Una vez realizada la valoración, deberemos después establecer el nivel de gravedad de la dehiscencia utilizando algún sistema o escala validada como por ejemplo el “SWD Grading System” creado por la “World Union os Wound Healing Societies (WUWHS) (Sandy-Hodgetts, 2018). Y finalmente el manejo se basará en: tranquilizar, gestionar las expectativas y educar al paciente, controlar del dolor, eliminar o mejorar de los factores de riesgo que puedan haber contribuido a la SWD o que puedan comprometer la cicatrización, tratamiento de la infección sistémica y tratamiento local de la herida dehiscente, incluido el tratamiento de la infección local (Dowsett, 2024)

El hecho de encontrar una dehiscencia con área pequeña no significa que la herida sea mayor y se extienda de manera profunda.

Fig 3. Dehiscencia de la línea de sutura por dos partes diferentes con inflamación y signos de infección (Sandy-Hodgetts, 2018)

Fig 4. Dehiscencia abdominal a valorar la profundidad. Fuente: (Sandy-Hodgetts, 2018)

El tratamiento local de la dehiscencia e infección de la herida contemplará: la limpieza (incluido el drenaje de abscesos si es necesario) y desbridamiento de la herida según estándares de cuidado y el tratamiento antimicrobiano local. Esto incluye el uso de apósitos con plata y otros agentes antimicrobianos, ya sean estos apósitos fibras, alginatos o espumas. Elegiremos el tipo de apósito a aplicar según el nivel de exudado de la herida, la capacidad del apósito de conformarse al lecho de la herida o no, la necesidad de relleno de cavidades y el estado de los bordes y piel perilesional. Estos apósitos reducen la infección de manera segura para el paciente sin crear resistencias antibióticas (Leaper, 2006) En el caso de la plata valoraremos cada dos semanas la eficacia del tratamiento para continuar con él o discontinuarlo. Por último, el tratamiento antimicrobiano sistémico sólo debe iniciarse si la infección se ha diseminado o es sistémica y tanto el tipo de antibiótico como la vía de administración será decidido por el médico (Swanson, 2016)

Conclusiones finales

La infección del sitio quirúrgico (ISQ) es una complicación frecuente y grave que puede derivar en dehiscencia, aumentando la morbilidad y retrasando la recuperación. Su aparición está influida por el tipo de cirugía, las condiciones del paciente y factores técnicos relacionados con el procedimiento y el equipo quirúrgico.

La prevención exige medidas basadas en la evidencia, como una adecuada preparación cutánea, control glucémico, mantenimiento de la normotermia y el uso de antisépticos eficaces. En el postoperatorio, los apósitos de cura húmeda ofrecen ventajas frente a la gasa seca, ya que protegen la herida, controlan el exudado y reducen el riesgo de infección y trauma.

Si aparece dehiscencia por infección, el manejo debe centrarse en controlar la infección, evitar su progresión y favorecer la cicatrización, mediante valoración clínica, limpieza, desbridamiento y apósitos antimicrobianos adecuados en el caso de presencia de infección local. El uso de antibióticos sistémicos debe reservarse para infecciones diseminadas.

En resumen, la valoración del riesgo de la ISQ y el adecuado manejo de la herida quirúrgica, desde la sala de operaciones, son clave para evitar complicaciones y está en nuestras manos, como los profesionales encargados de los cuidados de las personas operadas, estar al día para brindar los mejores cuidados de calidad.

Recuerda, ¡el cuidado está en tus manos!

Autora: Dra. Elena Garcés Castellote. Medical Affairs Manager de Coloplast.